El
proyecto que aquí se emplaza trata sobre la experiencia de cruzar el agua
través de un modesto puente, experimentar la sensación de estar en una isla
virgen, en donde la mano del hombre no ha llegado y más aun, donde no hay
nadie, se trata de que la isla se siga manteniendo como tal (un elemento
aislado), luego la experiencia de atravesar sinuosamente el bosque entre sus
árboles. En el trayecto existente entre puente y pabellón no se ha proyectado
ningún camino que nos predetermine el trayecto a seguir, la isla es para
recorrerla y perderse, sentirse solo, escuchar el recorrido del agua.
El
proyecto se trata de un pabellón de muros ciegos que se ilumina cenitalmente, y
se asienta, sin tocar el suelo, sobre unas cadenas de hormigón prefabricado. En
el espacio existente entre las vigas de hormigón de la cubierta, pasan los
verticales troncos de los árboles de eucalipto que tienen su follaje a partir
de los 6 metros de altura.





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